jueves, febrero 2, 2023

Avatar: El camino del agua» arrasa en los cines argentinos

La película de James Cameron concentró el 87% del total de venta de entradas en sus primeros cuatro días en los cines locales.

Vendió 274.819 tickets para 662 pantallas, a las que hay que sumarle las funciones en calidad de preestreno, que elevan la cifra final a 311.229 localidades para el filme protagonizado por Sam Worthington y Zoe Saldaña.

El filme de Cameron, que recaudó 134 millones en su estreno en los Estados Unidos, es la secuela de “Avatar” -el filme más taquillero de la historia-, que llegó a los cines argentinos el 1 de enero de 2010 y convocó a 2.877.546 espectadores durante el tiempo que estuvo en las salas locales.

En segundo lugar entre las películas más vistas en la Argentina fue “Un mundo extraño”, de Don Hall, que en su cuarto fin de semana consecutivo cortó 11.597 tickets en 138 pantallas y desde su estreno vendió 127.857 entradas.

En el tercer puesto se ubicó “Pantera negra: Wakanda por siempre”, de Ryan Coogler, en su sexto fin de semana llevó a 10.647 espectadores en 110 pantallas y acumula un total de 714.391 espectadores.

El menú”, de Mark Mylod, con 4.645 espectadores en 38 pantallas y “Mar de sangre”, de James Nunn, con 2.059 espectadores en 55 pantallas, ocuparon en cuarto y quinto puesto respectivamente.

Entre el jueves 15 y el domingo 19 de diciembre, los cines argentinos vendieron 314.590 tickets, un incremento 230% en relación al pasado fin de semana, según destacó la consultora Ultracine.

En la nueva «Avatar» James Cameron vuelve a demostrar por qué es el rey de sus propios mundos

En la secuela del éxito film de 2009, el director profundiza en la historia y los distintos pueblos que habitan el planeta Pandora.

«Avatar: El camino del agua»: un retorno que apuesta por la emoción y el alto impacto visual

La cruel persecución de los humanos contra los pueblos indígenas de la ficcional luna Pandora se profundiza con un emotivo acento familiar en «Avatar: El camino del agua», la esperada secuela del universo de ciencia ficción con el que James Cameron rompió récords más de una década atrás, y que llegó a las salas de cine con un despliegue visual y de efectos especiales que sabe aprovechar al máximo la espectacularidad de la pantalla grande.

En marzo de 1998, hace casi 25 años, James Cameron se paró frente a sus pares de Hollywood y a las cámaras que captaban cada momento de la ceremonia de entrega de los premios Oscar y, estatuilla en mano, se autodeclaró “rey del mundo”. La frase, parte del diálogo del personaje de Leonardo Di Caprio en Titanic –el enorme fenómeno de público que esa noche ganó 11 premios, incluido el de mejor director para Cameron– no pasó desapercibida. Lejos de tomársela en broma, la industria, la prensa y el público en general la entendieron como la confirmación de la arrogancia y la egomanía del realizador, conocido por su demandante estilo en los sets de filmación. Es que si hay una regla no escrita que todos cumplen a rajatabla en Hollywood es que los ganadores siempre deben demostrar humildad. Si es falsa o auténtica, es lo de menos. Y si hay algo que distingue a Cameron de sus colegas es su poco –nulo– interés en cumplir las reglas impuestas por otros.

Su método le resultó muy efectivo: en sus más de cuatro décadas trabajando en la industria del cine fue uno de los responsables de crear Terminator, de continuar la saga Alien, de explorar nuevos rincones de la ciencia ficción con tecnología diseñada por y para él, de transformar la vieja historia del Titanic en una de las películas más taquilleras de la historia y de romper su propia marca con Avatar, que sigue estando primera en la lista de los films más vistos con una recaudación global de casi 3000 millones de dólares.

Y aun así, aquello de proclamarse el rey del mundo blandiendo uno de sus Oscar creó malentendidos que tal vez por estos días podrían, por fin, resolverse. Más allá de la posible arrogancia de su gesto, lo que Cameron gritó a los cuatro vientos aquella vez –y desde siempre– hablaba de su deseo más elevado: ser el rey de su propio mundo. Para eso, por supuesto tenía que crearlo. Y lo hizo. Cuando el jueves pasado estrenó Avatar: el camino del agua, la secuela que le llevó más de una década completar.

Fuente. Diario – La Nacion

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