Crítica a "Florence": La venganza de los 'Sin Talento'

La ternura y sutileza de exquisito director de STEPHEN FREARS en cada uno de sus personajes. Por supuesto que la historia tiene que ver y también lo que hacen los actores en sus personajes y demás aspectos de la reconstrucción de época. Pero por encima de todo ésto está STEPHEN FREARS, con su mano para delinear, primero, cada situación y, luego, cada personaje.



Es NEW YORK en la década del’40.  Y que esté basado en una historia real, roza lo inverosímil por lo paródico aunque se sostenga en lo que sucede en todos los seres humanos que la componen.
Estamos hablando de FLORENCE FOSTER JENKINS que desafinaba en todos los intentos de pretender ser cantante lírica.
Y lo que puede resultar paródico, absurdo y ridículo se convierte una demostración de la ternura de cada ser humano en todas sus imperfecciones y en todo lo que no pudo lograr, no como carga frustrante, sí como aristas de su vida.

Es el arte, en este caso la música la vía, el canto lírico.
Y pintar a la mujer que cantó en el CARNEGIE HALL a pesar de todas sus limitaciones y pésimas condiciones, su marido, pianista y entorno es el objetivo.
Y no es eso lo que importa.
Lo que nos queda como excelente ejemplo MAYUSCULO del histrionismo y su metamorfosis es la escena del primer ensayo con su maestro preparador de voz, las miradas de su pianista y de su marido en una terrible interpretación de un aria.

Es la jocosidad y el cambio a la posterior ternura de todos quienes la miran. Y aquí es donde se eleva y se construye la película de FREARS: Desde la ternura.
Desde la tolerancia, desde el sentir del arte, desde la vida como su baza emancipadora. Y allí está la mano del director y de sus actores.

Fundamental y gratamente HUGH GRANT primero, como el marido que además tiene su novia consentida por su propia mujer a quien nunca desatendió.
Sus gestos, sus miradas tan de GRANT aquí valorizan el personaje. Lo hacen compañero en todos los sentidos y con toda la significación. Está en uno de sus mejores trabajos, sino en el mejor y en los mayores pilares de la película.
Está MERYL STREEP como la FLORENCE del titulo. Toda la potenciación y gama de matices en cualquier rol de esta inmensísima actriz.
Está SIMON HELBERG como el pianista acompañante. Desencajado al inicio y totalmente integrado al final. En su expresividad contenida está su gran virtud.
La reconstrucción de época (ambientación, vestuario, maquillaje) vale decirlo, es impecable.

Desde la dirección de FREARS dibujan toda la inmensa ternura que se despliega abiertamente en HUGH GRANT, en MERYL STREEP y SIMON HELBERG
Motivos para disfrutar esta FLORENCE y conmoverse.

Texto: Víctor LANGUASCO.

 

 

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